Los chicos sin camiseta de Abercrombie & Fitch se enfadan con la marca

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Los ex trabajadores de la elitista marca estadounidense Abercrombie & Fitch ponen en un compromiso a la marca por las confesiones que están lanzando en su contra. Han confesado recientemente el diario Die Welt las “vergüenzas” de un trabajo que dista mucho de ser tan estiloso como parece de puertas para afuera.

El chico al que le hacen la entrevista en este periódico describe su trabajo como lucir pectorales, apostarse a la entrada de la tienda y saludar a los clientes con la siguiente frase: “Hey, what’s going on! Thanks for coming in!”. “Calculo que habré dicho esta frase más de 2.000 veces”, asegura este joven de 24 años, que cobraba 30 euros la hora por su trabajo. El chico reconoce que su sueldo era  muy alto, pero para llegar a ganar eses sueldo tenía que ajustarse al milímetro a la “look policy” de Abercrombie Fitch, una política en la que estaba definida incluso cuál debía ser exactamente el aspecto de sus pezones.

El chico cuenta que tras adelgazar unos kilos fue desterrado sin ningún tipo de miramientos por la compañía al interior de la tienda, donde ganaba, por cierto, bastante menos dinero. A la vista de su degradación profesional y salarial,  se vio obligado a macharse en el gimnasio para recuperar su puesto de “shirtless greeter” y dejarse tocar los pectorales por jovencitas y no tan jovencitas. “A veces me sentía como una prostituta”.

Otro chico que también trabajó para la marca  doblando camisetas en el interior de una de las tiendas de la firma cuenta que aunque el trabajo parece sencillo sólo lo parece. “Los logos de la marca deben estar perfectamente alineados en las prendas, como también las etiquetas. De lo contrario, el manager de la tienda vuelve a descolocar las camisetas y en el peor de los casos te echa”.

A la presión de no equivocarse ni un milímetro doblando las prendas de la marca se unen asimismo la oscuridad reinante en las tiendas de Abercrombie & Fitch, los constantes controles que los trabajadores sufren en sus bolsos y la estruendosa música que estos se ven forzados a escuchar durante todo el día.

Está claro que la imagen de Abercrombie & Fitch no pasa por su mejor momento, algo que se deja notar también cada vez en sus tiendas que  cada vez están más vacías. Por eso, y para intentar congraciarse con el público, Abercrombie & Fitch quiere empezar a vender tallas más grandes y reducir el tamaño de su llamativo logo en las prendas.

¿Lo conseguirá?

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